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Entre los que las roban, los que las compran, después de encargarlas más que probablemente, y los que no las reponen, la mierda nos va a llegar hasta más arriba de la aureola. Todo conjuntado es para llorar a chorros.
Por lo visto, hay en mi barrio quien se dedica a robarlas. Sus muertos. Y eso que no las voy buscando: he fotografiado dos más; o, mejor, menos. Actualización, día 19, han volado otras dos. Ya lo sabe la poli. A ver qué.